lunes, 8 de febrero de 2010

You Know I'm No Good

domingo, 7 de febrero de 2010

10 de la Mañana

J. Sabines





Te quiero a las diez de la mañana, y a las once, y a las
doce del día. Te quiero con toda mi alma y con todo mi cuerpo, a veces, en las
tardes de lluvia. Pero a las dos de la tarde, o a las tres, cuando me pongo a
pensar en nosotros dos, y tú piensas en la comida o en el trabajo diario, o en
las diversiones que no tienes, me pongo a odiarte sordamente, con la mitad del
odio que guardo para mí.

Luego vuelvo a quererte, cuando nos acostamos y
siento que estás hecha para mí, que de algún modo me lo dicen tu rodilla y tu
vientre, que mis manos me convencen de ello, y que no hay otro lugar en donde yo
me venga, a donde yo vaya, mejor que tu cuerpo. Tú vienes toda entera a mi
encuentro, y los dos desaparecemos un instante, nos metemos en la boca de Dios,
hasta que yo te digo que tengo hambre o sueño.

Todos los días te quiero
y te odio irremediablemente. Y hay días también, hay horas, en que no te
conozco, en que me eres ajena como la mujer de otro. Me preocupan los hombres,
me preocupo yo, me distraen mis penas. Es probable que no piense en ti durante
mucho tiempo. Ya ves. ¿Quién podría quererte menos que yo, amor mío?

L'Homme qui marche


jueves, 4 de febrero de 2010

Vincent

El Gato Negro

lunes, 1 de febrero de 2010

After such pleasures





J. Cortázar




Esta noche, buscando tu boca en otra boca,
casi creyéndolo, porque así de ciego es este río
que me tira en mujer y me sumerge entre sus párpados,
qué tristeza nadar al fin hacia la orilla del sopor
sabiendo que el placer es ese esclavo innoble
que acepta las monedas falsas, las circula sonriendo.

Olvidada pureza, cómo quisiera rescatar
ese dolor de Buenos Aires, esa espera sin pausas
ni esperanza.
Solo en mi casa abierta sobre el puerto
otra vez empezar a quererte,
otra vez encontrarte en el café de la mañana
sin que tanta cosa irrenunciable
hubiera sucedido.
Y no tener que acordarme de este olvido que sube
para nada, para borrar del pizarrón tus muñequitos
y no dejarme más que una ventana sin estrellas.