j.c.
martes, 5 de junio de 2012
lunes, 4 de junio de 2012
(UNA) HORA
El tiempo del amor es escaso, apenas una hora, brillante como una moneda caída, enriquece el amor. Pasamos una hora juntas, no la gastamos en flores o vino, sino en la inmensidad del cielo estival junto a una acequia. Durante miles de segundos nos besamos; tu cabello como un tesoro en la tierra; la luz de Midas convierte tus miembros en oro. El tiempo transcurre, somos millonarias en la ironía de la noche. Ninguna oscuridad acabará con nuestra hora reluciente, ninguna joya puede compararse con el canto del cuco colgado de la brizna de hierba de tu oreja, ni un candelabro o un faro te iluminarían mejor que ahora. El tiempo odia al amor, desea empobrecerlo, pero el amor teje oro, oro, convierte la paja en oro. . (C. A. Duffy)
sábado, 19 de mayo de 2012
III
MI MUCHACHA salvaje,
hemos tenido que recobrar el tiempo
y marchar hacia atrás,
en la distancia de nuestras vidas,
beso a beso,
recogiendo de un sitio lo que dimos sin alegría,
descubriendo en otro el camino secreto
que iba acercando tus pies a los míos,
y así bajo mi boca vuelves a ver
la planta insatisfecha de tu vida
alargando sus raíces hacia mi corazón que te esperaba.
Y una a una las noches
entre nuestras ciudades separadas
se agregan a la noche que nos une.
La luz de cada día,
su llama o su reposo nos entregan,
sacándolos del tiempo,
y así se desentierra en la sombra o la luz nuestro tesoro,
y así besan la vida nuestros besos:
todo el amor en nuestro amor se encierra:
toda la sed termina en nuestro abrazo.
Aquí estamos al fin frente a frente,
nos hemos encontrado,
no hemos perdido nada.
Nos hemos recorrido labio a labio,
hemos cambiado mil veces entre nosotros
la muerte y la vida,
todo lo que traíamos como muertas medallas
lo echamos al fondo del mar,
todo lo que aprendimos no nos sirvió de nada:
comenzamos de nuevo,
terminamos de nuevo muerte y vida.
Y aquí sobrevivimos, puros,
con la pureza que nosotros creamos,
más anchos que la tierra que no pudo extraviarnos,
eternos como el fuego que arderá cuanto dure la vida.
(P. Neruda)
hemos tenido que recobrar el tiempo
y marchar hacia atrás,
en la distancia de nuestras vidas,
beso a beso,
recogiendo de un sitio lo que dimos sin alegría,
descubriendo en otro el camino secreto
que iba acercando tus pies a los míos,
y así bajo mi boca vuelves a ver
la planta insatisfecha de tu vida
alargando sus raíces hacia mi corazón que te esperaba.
Y una a una las noches
entre nuestras ciudades separadas
se agregan a la noche que nos une.
La luz de cada día,
su llama o su reposo nos entregan,
sacándolos del tiempo,
y así se desentierra en la sombra o la luz nuestro tesoro,
y así besan la vida nuestros besos:
todo el amor en nuestro amor se encierra:
toda la sed termina en nuestro abrazo.
Aquí estamos al fin frente a frente,
nos hemos encontrado,
no hemos perdido nada.
Nos hemos recorrido labio a labio,
hemos cambiado mil veces entre nosotros
la muerte y la vida,
todo lo que traíamos como muertas medallas
lo echamos al fondo del mar,
todo lo que aprendimos no nos sirvió de nada:
comenzamos de nuevo,
terminamos de nuevo muerte y vida.
Y aquí sobrevivimos, puros,
con la pureza que nosotros creamos,
más anchos que la tierra que no pudo extraviarnos,
eternos como el fuego que arderá cuanto dure la vida.
♥
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(P. Neruda)
sábado, 12 de mayo de 2012
viernes, 13 de enero de 2012
Oda al Gato
Los animales fueron
imperfectos,
largos de cola, tristes
de cabeza.
Poco a poco se fueron
componiendo,
haciéndose paisaje,
adquiriendo lunares, gracia, vuelo.
El gato,
sólo el gato
apareció completo
y orgulloso:
nació completamente terminado,
camina solo y sabe lo que quiere.
El hombre quiere ser pescado y pájaro,
la serpiente quisiera tener alas,
el perro es un león desorientado,
el ingeniero quiere ser poeta,
la mosca estudia para golondrina,
el poeta trata de imitar la mosca,
pero el gato
quiere ser sólo gato
y todo gato es gato
desde bigote a cola,
desde presentimiento a rata viva,
desde la noche hasta sus ojos de oro.
No hay unidad
como él,
no tienen
la luna ni la flor
tal contextura:
es una sola cosa
como el sol o el topacio,
y la elástica línea en su contorno
firme y sutil es como
la línea de la proa de una nave.
Sus ojos amarillos
dejaron una sola
ranura
para echar las monedas de la noche.
Oh pequeño
emperador sin orbe,
conquistador sin patria,
mínimo tigre de salón, nupcial
sultán del cielo
de las tejas eróticas,
el viento del amor
en la intemperie
reclamas
cuando pasas
y posas
cuatro pies delicados
en el suelo,
oliendo,
desconfiando
de todo lo terrestre,
porque todo
es inmundo
para el inmaculado pie del gato.
Oh fiera independiente
de la casa, arrogante
vestigio de la noche,
perezoso, gimnástico
y ajeno,
profundísimo gato,
policía secreta
de las habitaciones,
insignia
de un
desaparecido terciopelo,
seguramente no hay
enigma
en tu manera,
tal vez no eres misterio,
todo el mundo te sabe y perteneces
al habitante menos misterioso,
tal vez todos lo creen,
todos se creen dueños,
propietarios, tíos
de gatos, compañeros,
colegas,
discípulos o amigos
de su gato.
Yo no.
Yo no suscribo.
Yo no conozco al gato.
Todo lo sé, la vida y su archipiélago,
el mar y la ciudad incalculable,
la botánica,
el gineceo con sus extravíos,
el por y el menos de la matemática,
los embudos volcánicos del mundo,
la cáscara irreal del cocodrilo,
la bondad ignorada del bombero,
el atavismo azul del sacerdote,
pero no puedo descifrar un gato.
Mi razón resbaló en su indiferencia,
sus ojos tienen números de oro.
(P. NERUDA)
sábado, 31 de diciembre de 2011
Happy New Year

Mira, no pido mucho,
solamente tu mano, tenerla
como un sapito que duerme así contento.
Necesito esa puerta que me dabas
para entrar a tu mundo, ese trocito
de azúcar verde, de redondo alegre.
¿No me prestás tu mano en esta noche
de fìn de año de lechuzas roncas?
No puedes, por razones técnicas.
Entonces la tramo en el aire, urdiendo cada dedo,
el durazno sedoso de la palma
y el dorso, ese país de azules árboles.
Asì la tomo y la sostengo,
como si de ello dependiera
muchísimo del mundo,
la sucesión de las cuatro estaciones,
el canto de los gallos, el amor de los hombres.
.
(J. Cortázar ღ )
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